LinkedIn, LinkedIn ¿quién es la más bella?

 

En LinkedIn, la red profesional por excelencia, todos queremos demostrar lo mucho que valemos. Ese deseo nos conduce a veces a escoger un avatar que, en lugar de ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos, los aleja sin remedio de nosotros. Ocurre cuando, como en tantas otras situaciones de la vida, no somos capaces de discernir entre lo que nos gusta y lo que nos conviene.

Sabemos que la foto de perfil es lo primero que los demás ven de nosotros, así que elegimos una que nos identifique y ¿por qué no? nos muestre un poco más guapos, jóvenes, felices o exitosos de lo que en realidad somos.

Vaya por delante que intentar destacar o potenciar nuestro prestigio mediante un avatar imponente no es ni malo ni imposible, sólo arriesgado. Si nos equivocamos de código, en lugar de fomentar nuevas relaciones, limitaremos nuestros contactos. Y además parecerá que nos creemos el ombligo del mundo. A los que, sin rastro de pudor, se dejan de esta forma el ego al aire en LinkedIn, los llamo o superlíderes o supercreativos. Por su foto les conoceréis.

Los primeros optan por mostrarse desempeñando con maestría su actividad. Sonríen detrás de una mesa de despacho, observan concentrados una pantalla, hablan por teléfono, dirigen un proyecto, dan una conferencia… Los segundos miran hacia cualquier lado (que no sea hacia delante) con aire intelectual, aventurero o distraído, bajo un encuadre no convencional y con pretensiones artísticas.

Los superlíderes buscan respeto, los supercreativos admiración. Ambos necesitan con urgencia revisar su estrategia de personal branding porque, ni unos ni otros, por norma general, encuentran lo que buscan. Mientras creen estar contándonos quiénes son, lo que los demás percibimos es quiénes les gustaría ser.

Ninguno estamos a salvo de caer en la trampa de la vanidad. Para evitarla, en lo posible, un buen truco consiste en no mostrar demasiado. Como con los escotes, dejar siempre algo a la imaginación, no infravalorar el poder de la fantasía ajena. Descartar los fondos cargados de “mensaje” y los excesos, tanto de información como de photoshop. Resaltar nuestras cualidades sin exagerarlas y no despertar falsas esperanzas… porque la decepción es la antesala de la desconfianza. Si nuestra foto cuenta una historia que luego no se ajusta a lo que somos, nuestra marca personal dejará de ser creíble.

Mentir con una imagen puede hacerlo cualquiera. Lo difícil es mirarse al espejo con honestidad, aceptar nuestro lado menos bueno y mostrarnos como profesionales capaces de admitir sus propios defectos.